La frustración y el desánimo se me agolpan cada vez más. Las ganas de plasmar en el ordenador todo lo que me agrada y conmueve se vuelve cada vez más difícil.En fechas pasadas escribía sobre lo cuesta arriba que se me hacía el día a día después de los últimos acontecimientos vinculados al mundo del deporte. Creía o tenía una vaga esperanza en que en el transcurso del año pudiera volver sobre mis pasos y reflejar alegría en otro escrito y así hacer de aquel artículo una mera representación equivocada del más que tormentoso pesimismo que siempre ha acompañado mi vida... Pero el mundo se vuelve más oscuro si cabe cuanto menos esperanza se tiene. El hecho o acto no tiene porque ser reflejo de la lógica y el domingo 7 de Febrero de este por ahora infame y asqueroso año que llevamos vivido, no hace más que corroborar lo que por desgracia en mis peores sueños me atormentaba y desanimaba.
Dicen que el pesimista no es más que un optimista bien informado, y a fé que es ci
erto. Me gustaría haber sentido aquel domingo la sensación de sentarme y disfrutar de la Super Bowl desconociendo en parte a jugadores y equipos, simplemente con la idea de entretenerme con un gran partido de fútbol americano.
Descubrí este maravilloso deporte hace cuatro años viendo jugar a los Colts dirigidos por un magistral y fenomenal quarterback llamado Payton Manning. Desde entonces comprendí que mi vida como espectador deportivo iría ligada, entre otros, a la de este equipo y este deporte para siempre. Comenzaba así otra etapa llena de noches en vela pegado al televisor o al ordenador siguiendo el juego de los Colts (noches en su mayor parte alegres, son los Colts, uno de los mejores equipos de la NFL). Pero aunque la alegría ha inundado mi rostro en algunas ocasiones durante estos últimos meses gracias a la maravillosa temporada de los de Indianapolis, siempre te queda ese pequeño agujero en el ánimo sabedor de que todas esas buenas sensaciones no serían plenas si el 7
de febrero Payton Manning no alzaba la copa Vince Lombardi.
Durante la mayoría de días anteriores a la final de la Super Bowl leía las últimas crónicas deportivas sobre la gran final: ¡Favoritos los Colts!, ¡Manning el quaterback imbatible!, ¡los Saints con pocas opciones!, y es entonces cuando te asaltan las dudas más que nunca. Supongo que a todos nos pasa lo mismo y cuanto más por sentado damos un futuro acontacimiento, con el transcurso del tiempo más en nuestro interior notamos la sensación de equívoco o que algo va a torcerse irremediablemente. La lógica, como decía antes, no es muy asidua a eventos deportivos, y mucho menos a finales de la Super Bowl. Y el 7 de Febrero en Florida ni se la vio ni se la esperaba.
Me gustaría haber escrito sobre el partido, pero en mi memoria sólo veo a Brees dando pases a sus receptores libres de marca, a una defensa vacía e inoperante que desde el final del segundo cuarto hasta que acabo el encuentro, no supo en ningún momento poner en peligro el juego del quarterback de los Saints, y sobre todo a Tracy Porter interceptando un pase de Manning... Y es entonces cuando el desánimo y la frustración se vuelven a apoderar de mis pensamientos.
Quiero agarrarme a lo que sea para que me ayude a mirar al futuro con cierto optimismo, pero algo dentro de mí me obliga a recordar y me informa de que la NFL no volverá hasta septiembre, que Garnett no está recuperado y más que jugar a baloncesto está arrastrando la pierna por las canchas americanas, que los Celtics sin Garnett no saben ni a qué juegan, que Tiger sigue missing, que los Pacers más de los mismo....
A veces quiero despertar y simplemente desconocer, mirar pero no ver, reír sin saber porqué, o simplemente ser optimista.
Dicen que el pesimista no es más que un optimista bien informado, y a fé que es ci
erto. Me gustaría haber sentido aquel domingo la sensación de sentarme y disfrutar de la Super Bowl desconociendo en parte a jugadores y equipos, simplemente con la idea de entretenerme con un gran partido de fútbol americano.Descubrí este maravilloso deporte hace cuatro años viendo jugar a los Colts dirigidos por un magistral y fenomenal quarterback llamado Payton Manning. Desde entonces comprendí que mi vida como espectador deportivo iría ligada, entre otros, a la de este equipo y este deporte para siempre. Comenzaba así otra etapa llena de noches en vela pegado al televisor o al ordenador siguiendo el juego de los Colts (noches en su mayor parte alegres, son los Colts, uno de los mejores equipos de la NFL). Pero aunque la alegría ha inundado mi rostro en algunas ocasiones durante estos últimos meses gracias a la maravillosa temporada de los de Indianapolis, siempre te queda ese pequeño agujero en el ánimo sabedor de que todas esas buenas sensaciones no serían plenas si el 7
de febrero Payton Manning no alzaba la copa Vince Lombardi.Durante la mayoría de días anteriores a la final de la Super Bowl leía las últimas crónicas deportivas sobre la gran final: ¡Favoritos los Colts!, ¡Manning el quaterback imbatible!, ¡los Saints con pocas opciones!, y es entonces cuando te asaltan las dudas más que nunca. Supongo que a todos nos pasa lo mismo y cuanto más por sentado damos un futuro acontacimiento, con el transcurso del tiempo más en nuestro interior notamos la sensación de equívoco o que algo va a torcerse irremediablemente. La lógica, como decía antes, no es muy asidua a eventos deportivos, y mucho menos a finales de la Super Bowl. Y el 7 de Febrero en Florida ni se la vio ni se la esperaba.
Me gustaría haber escrito sobre el partido, pero en mi memoria sólo veo a Brees dando pases a sus receptores libres de marca, a una defensa vacía e inoperante que desde el final del segundo cuarto hasta que acabo el encuentro, no supo en ningún momento poner en peligro el juego del quarterback de los Saints, y sobre todo a Tracy Porter interceptando un pase de Manning... Y es entonces cuando el desánimo y la frustración se vuelven a apoderar de mis pensamientos.

Quiero agarrarme a lo que sea para que me ayude a mirar al futuro con cierto optimismo, pero algo dentro de mí me obliga a recordar y me informa de que la NFL no volverá hasta septiembre, que Garnett no está recuperado y más que jugar a baloncesto está arrastrando la pierna por las canchas americanas, que los Celtics sin Garnett no saben ni a qué juegan, que Tiger sigue missing, que los Pacers más de los mismo....
A veces quiero despertar y simplemente desconocer, mirar pero no ver, reír sin saber porqué, o simplemente ser optimista.