
En este país, si te gusta la NBA y eres de mi generación (los ochenta), el primer recuerdo que te viene a la cabeza de la liga americana es a Ramón Trecet narrando los partidos de los viernes a la noche. Tiempo después maldecimos, por lo menos yo, que la televisión de pago se llevase este maravilloso deporte a un lugar que muchos por aquel entonces no podíamos acceder. Recuerdo ver las finales de Utah vs. Chicago en los bares y descubrir a un periodista que comentaba las jugadas de una forma totalmente nueva. Recuerdo el "pintxo de merluza", el ratatatata, etc. Pero por desgracia la NBA no estaba a mi alcance. En 1998, por fin, tuve acceso al mundo de la televisión por pago y no sólo volví a creer, sino que hubo un guia que me ayudo. Aquel no era otro que Andrés Montes. Su forma de narrar, su famosos motes y dichos, y lo mejor de todo, sabia comentar un encuentro de baloncesto. Aunque el partido estuviese sentenciado en el tercer cuarto, Andrés Montes sabía como entretenerte. Sus opiniones siempre afloraban, no se limitaba a describir lo visto, como hacen los comentarista de fútbol de este país, participaba, hacia participar, la discrepancia, la crítica, conocer, saber... En los tiempos muertos, tanto Daimiel como él solían comentar anécdotas que sinceramente, te daba pena que reanudasen el juego, sobre todo cuando el partido ya no tenía historia. Un día del año 2006, sin más, al finalizar un partido de la NBA, se despidió. Dijo que era su última retransmisión, y recuerdo que me dejó petrificado. En ese momento te das cuenta, de forma inmediata, que ya nada en ese mundo de madrugadas y cintas grabadas de vhs iba a ser igual. La NBA en sus retransmisiones de digital+ no ha vuelto a ser lo mismo. Sus sustitutos son tan malos como los comentaristas de fútbol. Para retransmitir un evento deportivo tienes que saber que al otro lado hay gente escuchándote que quiere pasar un buen rato, que te deja entrar en su casa porque espera de ti que durante un par de horas le alejes de los problemas cotidianos, le hagas sentir parte de un mundo que en ese momento los dos compartís. Pero eso ya no ocurre. Andrés Montes se llevó con él toda la originalidad y la magia de ese estudio y lo transportó a un mundo lleno de odio y rencor que no sabe apreciar hasta qué punto un día conocieron a un ser magistral.
Ahora se ha ido, pero esta vez para siempre, justo en el momento que ese sector de mal profesionalismo le daba la espalda. Quiero imaginarme que su siguiente proyecto era volver a donde nunca tuvo que irse. Y con ello me quiero quedar, con la sensación de que justo cuando iba a pedirme permiso para disfrutar juntos de la "magia del Basket", su salud le dijo basta.
Ahora se ha ido, pero esta vez para siempre, justo en el momento que ese sector de mal profesionalismo le daba la espalda. Quiero imaginarme que su siguiente proyecto era volver a donde nunca tuvo que irse. Y con ello me quiero quedar, con la sensación de que justo cuando iba a pedirme permiso para disfrutar juntos de la "magia del Basket", su salud le dijo basta.









