Reggie Miller ya es Hall of Fame. Un reconocimiento merecido y que pone punto final a una carrera brillante de un jugador atípico que hizo honor a su apodo de "The Killer". Minutos finales, constancia, canastas imposibles y sobre todo orgullo, son palabras asociadas a este profesional que con solo 90 kilos de peso y 200 cm de altura se labró una fama killer de los últimos cuartos que es recordada sobre todo en las finales de conferencia contra los Bulls, y los Nicks de su archienemigo Spike Lee.
La ceremonia estuvo apadrinada por Magic y Charles Barkley, y a su vez acudieron a la cita Jordan y Bird.
Anecdotas, videos, y sobre todo distinción y reconocimiento son las bases de estos acontecimientos que en Estados Unidos son comunes para honrar a aquellos que hicieron del deporte una forma de vida digna de admiración y respeto.
Ser uno de los mejores en tu trabajo se mide sobre todo por el reconocimiento. Y si este requisito te lo otorgan aquellos de tu misma profesión, su valor se duplica considerablemente. En Estados Unidos están acostrumbrados a ello, a reconocer a los profesionales destacados en todos los campos, no solo en el deporte. En cambio, en esta Europa cínica y olvidadiza, reflejar el mérito de aquellos que se lo merecen, es un ejercicio que nunca se nos ha dado bien ya que su práctica es casi siempre nula.
¿Sabemos realmente en este país cuántos deportistas nacionales son idolatrados fuera de nuestras fronteras, hasta el puento de otorogarles un espacio merecido en las famosas salas del Hall of Fame?
Manolo Santana, Arantxa Sánchez Vicario, Ballesteros, Txema Olazabal, Andrés Gimeno, Antonio Diaz Miguel, son algunos de los nombres que brillarán para siempre en las salas de reconocimiento a una carreras de éxito. Todo esto siempre fuera de nuestras fronteras, y cuando me refiero a fronteras, me refiero sobre todo a la vieja Europa Continental.
Quizás la solución a todo este sistema de hacer lo menos posible para recordar personajes del pasado, algo propio de la cultura europea, pasa simplemente por dejar de creernos algo que no somos, y empezar a otorgar a la humildad un protagonismo que desde el 11 de Septiembre de 2001 se diluyó en un ego creciente que ahora ataca a una forma de vida que se quedo obsoleta allá por mediados del presente siglo.

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