Hoy me toca madrugar. Las 10 de la mañana. Espero que mis
ojos sepan darme un respiro. Levantándome tan pronto seguro que mi piel va a
necesitar un tratamiento doble. Suerte que Tony tenía hueco antes del partido.
Tratamiento completo. La televisión puede ser muy traicionera.
Mi marido me ha dicho que debo vestir de blanco. Eso ha sido
la buena noticia. El contraste con mi piel me hará lucir el top que me
compré ayer a última hora. La mala es que todos en el pabellón iremos del mismo
color. Sigo sin entender esa manía de la gente de querer ir todos iguales.
Se lo conté ayer a Tiffany, en el club, y me dio toda la
razón. Nos acordamos de cuando Kathy se le ocurrió vestir de rosa en la boda de
John y Mary, igual que la dama de honor. La pobre todavía no se ha recuperado.
Yo creo que es por eso por lo que ya no viene al aperitivo,
no creo que sea porque su marido sea hispano. Muchos en Miami son como su
marido, con menos dinero eso sí. Me gusta Tiffany, creo que vamos a ser muy
buenas amigas.
Las 12:30 del mediodía. Tengo que ducharme antes de ir al
club. El entrenamiento con Josh me ha dejado rota. Hoy se ha acercado demasiado cuando me ha
enseñado a sacar liftado. Le he tenido que poner las cosas claras. Madrugando y
en vísperas de un acontecimiento social no hay tiempo para el ocio. A veces es
difícil hacer entender esto a los hombres y más cuando son jóvenes. Ser mujer
en Miami y de mi clase es más complicado de lo que la gente cree. Ahora entiendo a Tiffany
cuando me dio la bienvenida al club. Sus palabras fueron sabias: “Ya sé que es duro cuidar de tu imagen querida, pero ten en cuenta que de tu esfuerzo nos beneficiamos todos... tu
marido, tus amigos, y sobre todo el club”.
El aperitivo está siendo estresante. Ser la burla de mis
amigas porque voy a ir un partido de baloncesto me está dando jaqueca.
-Espero
que la gorra que te pondrás no te arruine el peinado, reina- Esa es Mary, la de la boda con John, su
cuarto marido, y ella apenas tiene 40 años. Aunque como dice Tiffany, les ha sacado
tan poco partido que necesitará por lo menos dos bodas más. Es rubia natural y lo recuerda constantemente, aunque es lo único natural que le queda.
-¿Llevarás riñera, no?- La que ha provocado que todas se pongan sus manos frente a la boca para disimular la risa es Jaqueline. Tiene mi edad, por lo menos eso dice ella, aunque Tiffany y yo lo dudamos. Lo que si que tiene es dinero, y suyo. Es nieta del fundador del club lo que la pone por encima de Tiffany. Yo sé que eso a Tif no le hace gracia ya que es ella realmente la que dirige las actividades del centro.
-Por mucho que lo critiquéis, es un acontecimiento importante en la ciudad. Habrá más celebrities de las que pensáis- Intento defenderme. Se que me están poniendo a prueba, pero pago mucho a mi terapeuta como para dejarme llevar por la ira por simples comentarios.
-Claro que sí querida. Y nosotras queremos que te lo pases genial en eso del beisbol.
-Baloncesto, Tif, baloncesto.
-Eso baloncesto. Ella me ha entendido. ¿Verdad querida?
-Por supuesto. Por cierto, tengo prisa. Os mandaré un besito cuando me enfoque la tele.
-Por supuesto. Por cierto, tengo prisa. Os mandaré un besito cuando me enfoque la tele.
Empiezo a dudar sobre la fidelidad de Tiffany, pero no quiero quedarme más tiempo para comprobarlo. Tengo cita con Tony y el tiempo es oro cuando se trata de TM´s World.
Estoy agotada. Tony Massaro me ha sometido a una tortura, pero es un autentico genio. Me miro al espejo y mi rostro parece otro, aunque de lo más orgullosa que estoy es de mi cuerpo. No me parece justo adornarlo con un simple top blanco. Busco en el vestidor y entonces la veo. Es la blusa Coco que me regaló mi primer marido. Creo que en Miami no he llegado a ponérmela. Me vendrá fenomenal. Podré lucir brazo, tripita y sobre todo escote, un caro escote, "no sólo tú Mary vas a poder lucir tus encantos no naturales, bonita". Me río del chiste, pero la palabra de Jaqueline vuelve a mi cabeza como un tortazo... "riñonera", y veo en el espejo como mis nuevos labios dejan de sonreír. Me dirijo de nuevo a buscar y me decido por un bolso Louis Vuitton rojo diablo con incrustaciones doradas. Es entonces cuando la visión de la rubia frente a mí me gusta. Escucho las palabras de mi madre en mi cabeza: "nena, para ser alguien, lo primero es destacar. No pases desapercibida"...Estoy lista.
Entramos por la zona VIP y nos ponen una odiosa pulsera de plástico. Me viene a la mente la imagen de los que van a hoteles sin clase y les marcan con esas pulseras como si fueran ganado. La miro y no me gusta la sensación. ¡Y encima es rosa!
Llegamos tarde, el partido ya ha empezado. Según mi marido llegar en hora no está bien visto. Le miro con desconcierto y es cuando noto que la camisa que se ha puesto, blanca como la pureza de su exmujer, le hace más mayor, o igual es porque se ha dejado de teñir el pelo desde que le leí el articulo sobre la belleza del hombre maduro. Me quedo pensando en el siguiente artículo que le debo leer, cuando mis ojos se fijan en un monstruo corpulento y ordinario. Viste totalmente de rojo, por lo que deduzco que debe ser del equipo contrario. Es su pelo lo que primero capta mi atención. Lo lleva recogido en forma de puño en lo alto de la cabeza y en seguida me doy cuenta de que debe ser de algún país étnico que no llego a descifrar. Me recuerda a las fotos que pone Tiffany en el club cuando organiza reuniones para captar dinero para este tipo de gente. Seguro que es de un país de esos. Le pregunto a mi marido.
-¡Joakim Noah!- me grita. El nombre corrobora mi teoría.
No puedo quitarle los ojos de encima. En la cancha es como si todos los jugadores de blanco lucharan contra el monstruo. La gente a mi alrededor dirige toda su ira hacia él sobre todo cuando en las enormes pantallas aparece su rostro. Eso me recuerda que debo estar atenta por si salgo en televisión. Miro a mi alrededor y lo que veo me deja satisfecha. Si en mi zona deben enfocar a alguien esta claro que debo ser la elegida. Mi madre tenía razón. Destacar es la base de la distinción.
Consigo relajarme mientras Michael intenta explicarme las reglas del juego. No pongo mucho interés la verdad. Mi marido lo nota y me sugiere que vayamos a tomar algo al bar. Yo dudo ya que puede que las cámaras se dirijan a nuestros asientos mientras no estamos así que le pido que vaya él.
No dejo de mirar a las pantallas. Jesica Alba, Mariah Carey, y otras celebrities gozan de su popularidad. La gente las aplaude cada vez que aparecen. Dentro de poco me enfocarán a mí.
El Martini estaba fresco. Me ha sentado bien. La zona VIP es lo que tiene.
Vuelvo a dirigir la mirada a la cancha y ese tal Noah vuelve a ser objetivo de mi búsqueda. Sigue siendo el blanco de la ira de todo el pabellón. Lo localizo discutiendo con el arbitro y enfrentándose a un jugador de blanco, casi la mitad de su tamaño. El público a mi alrededor se pone en pie y el grito es una única voz. La ira a mi alrededor es cada vez mayor y me contagio de ella. Sin saber porqué me encuentro siendo parte de la algarabía. Veo mi dedo señalándole y a su vez mi boca le amenaza con una vida excesivamente corta.. Siento la mirada de mi marido que busca una explicación, pero no puedo dársela. Michael, algo confundido, se une a mí. Los dos estamos de pie y dirigimos nuestros insultos contra ese hombre. La excitación se va apoderando de nosotros. Por momentos siento la necesidad de bajar al parket y descargar mi ira contra esa bestia. Me imagino arrancando su horrible moño y recibiendo las felicitaciones de mi amiga Mary que sabría justificar y aprobar mi acción.
-¡Se va!- le grito a mi marido.
-Al banquillo. Pero volverá a jugar.
La frustración se apodera de mí. El publico vuelve poco a poco a sentarse en sus asientos. Mi mirada sigue fija en él, en su andar lento pero desafiante. Miro a mi alrededor y noto que la calma se va haciendo dueña de la situación. Pero oigo un grito con total claridad y eso me hace reaccionar como si la silla estuviese electrifiada.
-¡Nos desafía!
Mi ojos no tardan en localizarle. Así es. Esta vez, está de pie junto al borde de la cancha agitando una toalla. Mi marido me intenta explicar entre el griterío que está intentando animar a sus compañeros. Yo y casi todo el pabellón estamos en desacuerdo con las explicaciones de Michael. Es una provocación en toda regla. El ruido se vuelve tan fuerte que esta vez no puedo oír lo que mi marido me quiere decir, pero mis ojos siguen la dirección que marca su dedo y hacen que me fije en el arbitro. El juego se para. El tal Noah y el hombre de gris se enzarzan en una discusión que hace que el pabellón tiemble. Los gestos del arbitro son desconocidos para mí, pero algo me dice que el gigantón no le ha gustado nada la decisión.
-¡Le han expulsado!-grita Michael. Lo he oído alto y claro. Expulsado. Noto mis manos sudorosas. "No puede ser", "no puede dejarnos así". Mis ojos buscan una salida al parket. "Quiero bajar. Debo enfrentarme a la bestia" Los pómulos me arden, me gusta la sensación.
Lo distingo entre el gentío de la cancha. Sigue discutiendo. Un hombre vestido con un traje antiguo y gris le agarra por la cintura y parece invitarle a seguir andando. Compruebo que el tal Noah le hace caso y se dirige con él hacia el centro de la cancha. Hacia mí. Mis ojos se adelantan a su recorrido y la imagen de su caminar se dibuja en mi imaginación. ¡Ya sé por donde va a salir!
Empujo a alguien, creo que es mi marido, no lo puedo asegurar. Debo llegar antes que el monstruo. Quizás cuatro o cinco metros, no más, me separan de él. Eso y una pequeña valla negra que no me va a impedir enfrentarme a mi enemigo. Le veo acercarse. El hombre del horrible traje gris sigue a su espalda y le dirige justo donde lo había imaginado. Tres metros, dos metros, uno.... Le tengo en frente, eres mío. Lo primero que me sorprende es su rostro. No parece tan fiero. No me mira, no sabe que le estoy esperando. Alguien me agarra la cintura, no puedo girarme. Creo que es mi marido que grita como un poseso como yo.
En ese momento descargo mi ira en forma de dedo medio. Se lo pongo en la cara. Quiero que me mire cuando lo hago. Pero la bestia se va sin ni siquiera mirarme. Sigo escuchando los insultos de mi marido que acompañan a los míos. Estoy extasiada. Le he vencido.
Michael y yo volvemos a nuestros asientos. Nos quedamos callados.
Son las 22:30 y el partido ha acabado. No hemos vuelto a hablar. Sigo pensando en lo sucedido. ¿Qué ha pasado realmente? Algo me dice que tanto Michael como yo nunca volveremos a hablar de ello. Y por supuesto jamás contaré nada a mis amigas. No creo que recibiera la aprobación del club. "Ante todo la Clase" suele decir Tiffany. Menos mal que no son aficionadas al baloncesto. Aunque tampoco creo que se haya visto nada en televisión.
Mi marido conduce sin dejar de mirar al frente. Yo le sigo observando. Gira su rostro hacia mí. Veo en sus ojos lo mismo que seguro el ve en los míos. Puedo estar tranquila.
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