lunes, 11 de agosto de 2014

PGA CHAMPIONSHIP. LO BUENO SE HACE ESPERAR

Buscaba el momento para poder escribir este año sobre la temporada de golf. Podía haber elegido el marco incomparable de Augusta que volvió a vestir de verde a Bubba Watson, o la impresionante exhibición de Martin Kaymer en Pinehurst en el US Open, o la consagración de McIlroy  en el Open Champioship como mejor jugador del mundo. Pero estas tres opciones se basaban en redactar obviedades y simplemente constatar un hecho. Quien pudo ver los partidos entenderá que estos tres Majors carecieron de la emoción que normalmente nos suele brindar este maravilloso deporte. Esa emoción de últimas jornadas que te deja expectante hasta el último putt del hoyo 18. Se han podido ver grandes torneos este año, como el The Players, con un Martin Kaymer magistral que dejaba a Furyk con las miel en los labios tras embocar un putt imposible en el mágico hoyo 17, o el emocionante final del Memorial entre Matsuyama y Kevin Na con playoff incluido que hizo del japonés un nuevo valor de este deporte, o esperas escribir sobre la resurrección de Tiger después de la operación de espalda que le ha dejado apartado casi media temporada; pero esperas... Esperas porque sabes que el momento de sentarte y plasmar sobre blanco la emoción que te pueden llegar a brindar 72 hoyos es un hecho incontestable que normalmente se da en los grandes torneos. Y la espera mereció la pena...

El PGA Champioship es el cuarto y último Major de la temporada, y este año antesala de la esperada Ryder Cup, y se eligió como escenario el maravilloso campo de Valhalla, en Kentacky. Un campo complicado pero que gracias a la lluvia caída antes del último día permitió que unos greenes receptivos ofrecieran un espectáculo maravilloso. El final fue el esperado, McIlroy volvió a erigirse como dominador de este deporte, pero esta vez tuvo que mostrarnos sus mejores golpes para poder levantar la copa Wanamaker y ganar su cuatro Major. Hubo tres jugadores que decidieron ponerle las cosas difíciles. Stenson, Mickelson y Fowler se turnaron en el liderato durante practicamente toda la jornada. McIlroy, después de un inicio dubitativo, perdía su condición de líder y esperaba que los nueve segundos hoyos, mocho mas complicados y donde él se movía mejor, le dieran la oportunidad de acercarse a la cabeza. Y ese momento llegó. Fue el segundo golpe de hoyo 10. Un magistral impacto con madera de calle que hizo que la bola recorriese 280 yardas hasta quedarse a escasos 3 metros del hoyo. Con este eagle se puso a un golpe de un preciso y consagrado Fowler, líder por aquel entonces, y nos mostró al número uno del mundo en su estado más competitivo. Desde ese momento se sucedieron los momentos da magia, como el putt de 8 metros de Mickelson en el 12, o la sacada de bunker de Stenson en el 15, o segundo golpe desde el raf de Fowler en el 16. Pero no fue suficiente. El norirlandés se puso colíder en el 13 y ya no falló.
Fue, en definitiva,  un espectáculo que mereció la pena contemplar. Una jornada maravillosa de golf que me ayudó a corroborar que al final, la espera mereció la pena.

Ahora llega la  Ryder Cup. Una Ryder que está generando más dudas de lo habitual, sobre todo en el equipo norteamericano. La sorprendente despedida momentánea de Dustin Johnson del mundo del golf, el bajo nivel de los últimos meses de  Jason Dufner, Zach Johnson y Matt Kutchar, la inexperiencia de Patrick Reed, Jordan Spieth o Jimmy Walker, y sobre todo la malas sensaciones de Tiger tras su paso por el quirófano, hacen que exhibiciones como la que Ricky Fowler nos mostró en la ultima jornada del PGA, sean fundamentales para que el USA Team tenga alguna posibilidad ante el potente equipo europeo liderado por un, a día de hoy, imbatible Rory McIlroy

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